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Actualizada: 25/08/2017


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Comunicación popular. Argentina: opinión de un cumunicólogo (I)

Guillermo Mastrini

Entrevista con el comunicólogo argentino Guillermo Mastrini
“En el ámbito de global de la Comunicación, la capacidad de control democrático es mucho menor”
Por Fernando Arellano Ortíz

“El desafío que tienen hoy los movimientos sociales, los grupos alternativos, es cómo comunicar; porque la comunicación en la actualidad se está dando a través de otras maneras”, sostiene el comunicólogo e investigador argentino, Guillermo Mastrini.

En esta entrevista realizada en Bogotá, este catedrático universitario, especializado en políticas públicas de medios masivos y derecho a la información hace un detallado análisis de los alcances de la comunicación en el siglo XXI a partir de lo que ha sido la prensa durante la centuria pasada.

Autor de varios libros entre los que sobresalen Los dueños de la palabra y Los monopolios de la verdad, en coautoría con su colega Martín Becerra, Mastrini es uno de los principales referentes en Argentina y América Latina en el tema. En su país es profesor de las Universidades de Quilmes, Buenos Aires y General San Martín. Durante el segundo semestre de este año se encuentra en la capital colombiano invitado por las Universidades Javeriana y Uniminuto.

HAY QUE REPENSAR LA COMUNICACIÓN

- La información es un derecho público que en buena medida lo están proveyendo los oligopolios privados. ¿El hecho de que una empresa privada que busca el lucro y además tener influencia política, puede garantizar efectivamente dicho derecho?

- Yo creo que hay que entender que la gran transformación del mundo de la información se da a partir de los inicios del siglo XX cuando se mercantiliza la cultura. Hay que recordar que una vez consolidado el capitalismo que tiene sus orígenes en el siglo XVI, la cultura queda por fuera de la producción capitalista. Es decir, la reproducción del capital no incluía la cultura. La cultura necesitaba de un capital excedente que se extraía de las áreas productivas y era básicamente lo que se llamaba un capital improductivo, o sea, no generaba más capital, lo cual no habla de las particularidades de la producción cultural, que son más difíciles de transformase en mercancía que otros bienes. Pero en el siglo XX se consolida un proceso industrial de producción y una de las primeras grandes transformaciones es precisamente la prensa que pasa de un ámbito de reproducción ideológica y social a incorporar las lógicas del capital. En consecuencia, pasa de cumplir una función meramente ideológica a desempeñar también una función económica. Desde mi punto de vista ese cambio se da a partir, centralmente, de la inclusión de la publicidad como gran fuente de financiamiento de la prensa. Antes la prensa se financiaba exclusivamente por la venta de ejemplares y aunque podía tener algún recurso publicitario era mínimo. Cuando la prensa se empieza a financiar a través de la publicidad a finales del siglo XIX, comienzos del siglo XX, dependiendo de los países, es una prensa ideológica, partidaria, partisana. La prensa moderna del siglo XX, sus periódicos, se van transformado en empresas que también mantienen su ideología. Lo que cambia es que lo que organiza la producción desde entonces es la búsqueda de la ganancia capitalista. Actualmente estas empresas tienen por lógica obtener el mayor beneficio capitalista posible y para ello saben que tienen que presionar a los gobiernos con el fin de obtener las mejores condiciones. Ahora bien, en relación a tu pregunta en concreto me parece que no se puede responder si no se tiene este contexto. Desde la transformación que implicó la prensa y una segunda gran transformación que es la que estamos viviendo desde fines del siglo XX, que es la digitalización, se profundiza la lógica de la mercantilización pero al mismo tiempo, el abaratamiento de los costos de producción. El abaratamiento muy significativo de la capacidad productiva hace que aparezcan un montón de proyectos vinculados a las lógicas no comerciales.

- ¿Cómo por ejemplo?

- Los blogs, las páginas web, es decir, hoy tenemos una enorme capacidad comunicativa. Piensa que en el siglo XIX tienes por ejemplo una prensa anarquista con una capacidad de llegada, de venta y de distribución enorme. Una prensa no económica, no organizada económicamente, puramente ideológica. En el caso de la Argentina a principios del siglo XX la prensa anarquista vendía 20 mil ejemplares diarios. Estamos hablando de que tenías prensa ideológica que llegaba a niveles insospechados durante el transcurso del siglo XX. La mercantilización implicó la desaparición o la marginación, no desaparecieron pero quedaron marginales de esos espacios de prensa. La digitalización los vuelve a poner, vuelve a dar la posibilidad de que estos espacios tengan, porque sus costes son alcanzables, una prensa offset, en la década del 50 era imposible para cualquier grupo social. Hoy los grupos sociales han vuelto a tener capacidad comunicativa.

- ¿Tú crees que Internet ha contribuido en algo a democratizar la propiedad de los medios?

- Creo que las tecnologías no por sí mismas. Las tecnologías no son neutras, depende mucho de su uso social, de su impacto y de su capacidad. En el caso particular de Internet el hecho de que los códigos sean abiertos, ha permitido que esta tecnología no sea onerosa y ha posibilitado mover una mayor producción alternativa de comunicación que no se condice siempre con un consumo. En muchos casos hay mucha más diversidad en la producción que en el consumo. El consumo sigue estando vinculado mayoritariamente a los formadores masivos de opinión. Me parece que es importante registrar que ha habido una emergencia de capacidad comunicacional superior a la que había en las décadas de la segunda mitad del siglo XX. Entonces, ahora la pregunta es ¿qué tan democrática es la comunicación en la actualidad? Yo creo que poco, pero eso nos lleva a muchas preguntas. Efectivamente hay una estructura empresarial concentrada que tiene capacidad de llegar a la inmensa mayoría de la población y estructuras alternativas emergentes que si bien tienen su peso no logran equilibrar ni contrabalancear los procesos vinculados a los grandes grupos de comunicación. Creo de todas formas sí, que hay algunas posibilidades de hacer emerger temas que antes no poseían canales como la comunicación de los movimientos sociales que tenían mucha dificultad para trascender y ahora tienen capacidad autónoma de producir sus propios discursos. Fíjate que Internet cambia en un punto las formas de intermediación. Antes para un movimiento social la única forma de trascender era a través de los medios de comunicación. Hoy puede tener sus propios medios de comunicación. No indispensablemente dependen de un tercero para trascender socialmente. Ahí hay elementos interesantes, emergentes, no contradicen que la lógica predominante sea. En cuanto al problema de la democratización de la comunicación, creo que las estructuras siguen siendo muy importantes, y me parece también que hay que pensar otros problemas que no son los más conocidos, como por ejemplo, ¿qué es estar informado hoy? ¿Cuál es la información que está requiriendo la sociedad? Ya no es la misma información que requeríamos hace 20 o 40 años. El desafío que tienen hoy los movimientos sociales, los grupos alternativos, es cómo comunicar; porque la comunicación en la actualidad se está dando a través de otras maneras. Yo trabajo mucho con estudiantes jóvenes de 20 años que no leen el periódico, no miran la televisión, no escuchan la radio, entonces lo que quiero decir es que esa estructura que es muy grande, muy poderosa, también está siendo desafiada por nuevas formas de comunicación, lo cual no quiere decir que sean más democráticas, solo que son otras.

A qué me refiero. Hoy la mayor parte del consumo informativo de los jóvenes se da a través de redes sociales. Muchas veces esas redes terminan llegando a medios de comunicación pero por lo que les recomiendan sus amigos, no por una lectura selectiva. Por eso me parece que tenemos que repensar también el consumo de la comunicación, no poner todo el peso solo en las estructuras, que insisto, no es para relativizar su influencia sino para entender que los procesos de comunicación hoy están en un proceso de cambio muy fuerte en el cual va a tener más éxito quien logre comprender las nuevas lógicas del consumo sobre todo en los jóvenes. No podemos seguir pensando la comunicación como fue cuando nosotros éramos jóvenes que era un modelo muy claro donde había muy pocos medios, donde las fuentes informativas eran muy limitadas y donde había una tradición de lectura, de tomar un periódico de complejidad informativa. Hoy la lectura es totalmente fragmentada, dispersa, entonces me parece que hay un montón de cuestiones que necesariamente hay que ver en materia de comunicación para entender esto. También se plantea un nuevo desafío y es el desplazamiento de la soberanía nacional a una comunicación de tipo global. Es decir, los grandes formadores de opinión desde las naciones del siglo XX comienzan a ver resquebrajado su poder por la acción de grupos de carácter global que tienen mucho más poder económico pero también mucha más capacidad de incidencia y me refiero a Facebook, a Google, porque ya no solo es por su capacidad de comunicación sino también por la utilización de la información que hacen de los usuarios, o sea, es otra forma de mercantilizar la información completamente distinta. Ya no es solo la producción de un artículo que te vendo sino la comercialización de la información que uno genera cuando navega a través de esas redes.

- Con lo que me acabas de decir entonces cobra vigencia la frase de Marshall McLuhan, según la cual “el medio es el mensaje”…

- No, yo no creo que el medio sea el mensaje para nada, para nada. No sé por qué llegas a esa conclusión.

- Porque tú haces un análisis de la importancia de canales como Internet, de cómo hoy se ha diversificado su utilización por parte de sectores sociales y terminas tu reflexión con la globalización de los medios…

- Yo estoy hablando de los usos sociales de esos medios no del medio en sí, no es la tecnología la que determina. La tecnología es una posibilidad, una herramienta, pero después lo que va a determinar cómo funciona cada uno concretamente es el uso social y la apropiación que hagan distintos grupos sociales de esas posibilidades y de esas herramientas.

- ¿Y por qué estás en contra de la frase de McLuhan?

- Yo creo ciertamente que la frase de McLuhan se aproxima a un determinismo tecnológico que yo rechazo de plano. Considero que las tecnologías no determinan y de hecho me parece probado en la historia que hay muchas tecnologías que no tuvieron apropiación social y fueron dejadas de lado y otras que sí. En general cuando uno trata de pensar esto, lo más difícil es explicar el fracaso. Nosotros no sabemos de las herramientas tecnológicas que fueron quedando de lado porque la sociedad conoce el éxito pero no del fracaso. Es muy parecido en un punto con lo que les ocurre a los futbolistas: uno conoce a Messi pero no conoce a los miles de jugadores que quedaron en el camino para que llegara a haber un Messi. En este sentido yo creo que el determinismo tecnológico no contribuye a pensar la complejidad de la sociedad hoy. Evidentemente la tecnología, insisto, no es neutra, tiene su impacto, tiene sus condicionamientos pero también está en relación a apropiaciones que hace de ella el usuario, la sociedad, que va poniendo en juego. Pongamos casos históricos como el teléfono. Marconi nunca pensó que el teléfono iba a ser para la comunicación interpersonal, él tenía otra idea de lo que era la comunicación telefónica. La radio misma en sus orígenes.

- ¿Marconi o Graham Bell?

- Bueno Graham Bell era más el económico. Marconi era el tecnólogo. Graham Bell tenía más interés en la comercialización, digamos. Él si fue una persona más dedicada al negocio, a la industria. En el caso de la radio en sus orígenes tampoco estuvo pensada para una comunicación punto masa. Internet mismo en sus orígenes, tuvo un origen militar, después fue transformado en otras situaciones. Quiero decir, hay apropiaciones y derivaciones que no necesariamente están marcados por el tipo tecnológico sino desde mi punto de vista por el uso social que se le da a la tecnología.

- ¿Quién defiende hoy el derecho del público a saber, a informarse? ¿El público está expósito en ese sentido?

- Creo que hay instancias donde se ha trabajado relativamente bien, digo para salir de la academia, porque la academia es un lugar cómodo y poco incidente. Hay organismos como la Convención Interamericana de Derechos Humanos que hace un gran trabajo, con sus limitaciones por supuesto pero que ha promovido elementos de garantía del derecho a la información. No me animaría a decir que a la comunicación pero sí a la información, a criterios, a la elaboración de estándares básicos de una información más plural y diversa.

- ¿La Unesco?

- La Unesco mucho menos, aunque tuvo un valor en los últimos años. Desde mi punto de vista se ha hecho una relectura significativa de lo que fue el informe MacBride en los 80, en el que ahí si había un compromiso. En los años 80 había un compromiso con la democratización de la comunicación pero, ya que lo mencionas, su Convención para la diversidad cultural da elementos para una política cultural del Estado en una promoción de la diversidad y con un intento de eliminación parcial del excesivo mercantilismo. La Convención para la diversidad cultural no puede ser entendida por fuera de todo el desarrollo nacional de comercio, de las prácticas más liberales en términos culturales y de hecho toda la Convención se explica como una respuesta a eso, al auge de la OMC en materia cultural. Lo más complejo para mí en la actualidad es el distanciamiento de la sociedad con los centros de toma de decisiones en materia de comunicación que cada vez son menos y están más localizados en estas cuatro, cinco grandes empresas mundiales de comunicación global que son Google, Amazon, Facebook, Apple, Netflix, Spotify, los grandes circuladores de cultura en estos momentos a nivel global y con una capacidad de penetración nunca antes vista. Uno podría hablar del imperialismo cultural, con toda la crítica que se le pueda hacer a ese concepto respecto del cine norteamericano en la décadas del 50 y el 60, pero finalmente ese cine entraba a un territorio nacional por una aduana, los Estados ponían cuota de pantalla, es decir, había una política cultural limitativa dependiendo, había fomento a la producción nacional, ello no tiene punto de comparación con lo que es Netflix que no tiene territorialidad, que no tiene oficinas en los países, no tiene fronteras, lo mismo con Spotify. Los jóvenes hoy están escuchando la música en dos sitios que son Youtube y Spoify. Y esos lugares en términos de capacidad estatal no pueden ser regulados ni existe capacidad de incidir sobre ellos porque están fuera de tu territorialidad. Esta reconfiguración que se está dando de lo que es el territorio es una de las claves para entender el mundo hoy. Es decir, la pérdida de soberanía total y la distancia entre los centros de decisión y los usuarios. En ese escenario, por un lado hay algunas instancias y se ha generado un cierto consenso y estándares mínimos de la necesidad de la protección del derecho a la información y de la diversidad; y por otro lado, hay una tendencia que observo con preocupación y es la del ámbito global de la comunicación donde la capacidad de control democrático es mucho menor.

 

Miembro de la Coordinadora Internacional TESORO y de la Federación Internacional de Comunicadores Populares (FICP)