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Actualizada: 25/08/2017


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Comunicación popular. Argentina: opinión de un cumunicólogo (y II)


Guillermo Mastrini

Entrevista con el comunicólogo argentino Guillermo Mastrini
“En el ámbito de global de la Comunicación, la capacidad de control democrático es mucho menor”
Por Fernando Arellano Ortíz

- Tú hiciste referencia al informe MacBride. Después de 37 años de su publicación y observando la gran concentración de los medios sobre todo en lo que se denomina el “mundo desarrollado”, se puede afirmar que dicho diagnóstico se queda corto frente a la actual realidad. Son 6 o 7 empresas que dominan prácticamente todo el ámbito comunicacional en el mundo. ¿Hace falta restablecer un nuevo espíritu MacBride en este momento en el que el mundo enfrenta esa obscena concentración de la propiedad mediática?

- Si es por la idea de pensar cómo democratizar la comunicación sin duda hay que repensarla en términos de una situación y un contexto político totalmente distintos. Los diagnósticos del MacBride que fueron muy útiles y muy importantes en su momento ya no tienen ningún tipo de validez porque la situación ha cambiado totalmente, pero sí, el espíritu del informe sigue absolutamente vigente, y coincido contigo en que la concentración es peor que en los años 80. Incluso ahora con este fenómeno que se habla tanto de la convergencia, la situación tiende a agravarse porque efectivamente vamos hacia la reunión de estos mundos que tradicionalmente estuvieron separados como son los de los servicios de comunicación por un lado y los de telecomunicaciones por el otro, y ahí también hay escenarios de disputas en términos de grandes grupos de la comunicación que tienen que ver con el territorio. Aquí en Colombia, por ejemplo, han permitido que rápidamente Claro se posicione como la gran distribuidora de televisión por cable junto con AT&T que es la dueña de Directv. Por otro lado, la disputa más general entre estos grupos globales es que quieren, bajo un discurso de la libertad absoluta, la libertad del mercado, que no haya regulación. En consecuencia, tenemos por un lado, una disputa territorial, y por otro, una de carácter global, las cuales me parecen que son los ejes de las grandes discusiones a nivel de política hoy. Y por supuesto después está cómo los movimientos sociales, los grupos alternativos inciden para colocar en esa agenda elementos, protección de datos personales, derechos al habeas data, cómo controlo y qué se hace con la información que produzco. Todo el tema por supuesto que hay que rediscutir sin duda que es el del derecho a la propiedad intelectual. Es un derecho vinculado a una etapa analógica y en la etapa digital hay que rediscutirlo completamente porque ya no sirve eso. Era una situación cuando el derecho a la propiedad intelectual estaba vinculado al control material del soporte, es decir el libro, y otra cosa es cuando el soporte se ha desmaterializado totalmente y volvemos a una época casi preanalógica que es cuando toda la producción cultural está disponible para que la consuma quien quiera. Al desmaterializarse, todos podemos acceder a la cultura en cualquier momento. Entonces, porqué sostener sistemas de propiedad intelectual restrictivos cuando estamos en un escenario de plena disponibilidad de los bienes culturales. Esto quiere decir que hay un montón de temas de la agenda que pueden y necesitan ser reincorporados y rediscutidos en el contexto de esta digitalización.


- Hablemos de América Latina y la pregunta es esta: ¿tú consideras que en este momento coyuntural que vive el hemisferio, lo que se está dando es una disputa por el relato?

- Bueno, lo ha habido en los últimos años. América Latina, los últimos 20 años tuvo la particularidad de que casi por única vez en su historia coincidió que hubo muchos gobiernos, yo le pongo todas la comillas que puedo, “progresistas”, digamos que efectivamente uno de los méritos y logros que tuvieron estos gobiernos fue que promovieron el debate en torno de las políticas de comunicación. Podemos decir que uno de los saldos positivos sin duda es que la política de comunicación tuvo como nunca en la historia relevancia pública. Hasta la década del noventa uno podía pensar que estos temas nunca entraban en la agenda pública, lo cual no quiere decir que no hubiera política sino que se hacía en el ámbito privado. En los últimos 20 años la política de comunicación y especialmente donde hubo gobiernos “progresistas” el tema tomó estado público, lo cual es algo notable. Ahora, creo que hay que hacer un balance crítico de esas políticas. Esas políticas tuvieron un discurso muy fuerte en términos de democratización de la comunicación, pero si uno observa el balance en los países donde esos gobiernos ya han dejado de existir, y me refiero centralmente a Brasil y Argentina, el saldo es bastante escueto. Durante uno tibio como el brasilero, nunca se planteó una reforma real, nunca lo pudo poner en la agenda; hay situaciones también entendibles, el sistema de gobierno brasilero hace que sean sistemas de alianzas políticas para poder tener mayoría en el parlamento. Esto es muy distinto en Argentina, que si bien es un sistema presidencial, en general el partido del gobierno tiene una mayoría o suele tener una mayoría, no es el caso actual. En Brasil, el Partido de los Trabajadores nunca tuvo una política de comunicación fuerte de cara a cambiar la estructura, sí ocurrió eso en Argentina y sin embargo creo que hoy cuando uno hace un balance de los 8 años de política de comunicación del kirchnerismo en relación a los medios, la estructura varió muy poco; es decir, no tuvo la capacidad de hacer. Talvez la única política que sí implicó un cambio significativo, palpable, apreciable por la sociedad en materia de comunicación en Argentina, fue el de la distribución del futbol. La posibilidad de que la gente accediera de forma no onerosa a ‘Futbol para todos’. Ahí hubo un cambio palpable, la gente antes tenía que pagar, ya no tuvo que hacerlo. Yo me resisto a usar la palabra gratis, porque gratis en la vida creo que es el afecto nada más. Cosas gratis no hay, no hay futbol gratuito, hay maneras distintas de financiarlo. Son formas de financiamiento distribuido, creo que el concepto de gratuito se usa muy fácilmente, pero lo que quiero marcar es que esa política tuvo legitimidad social al punto que ahora, el gobierno de Mauricio Macri lo va a desarmar, a partir del próximo campeonato ya no va a haber más ‘Futbol para todos’. Sin embargo, para empezar, lo tuvo que mantener sus primeros 19 meses de gobierno porque no lo podía quitar dada la legitimidad que tenía. Pero ahora que lo va a suspender negoció con las empresas que ganaron el concurso para transmitir el futbol de nuevo pago y que recién van a empezar a cobrar después de las elecciones. ¿Por qué? Porque saben que si empiezan a cobrar antes va a tener un impacto electoral. También Macri cambió toda la Ley de Servicios de Comunicación Visual y eso no tuvo un impacto en la vida de las personas. Por eso es que no hubo ningún tipo de reclamo. Quiénes reclamaron: la comunidad académica, los grupos minoritarios vinculados a los medios de comunicación alternativos o comunitarios, pero para la sociedad la ley no implicó un cambio sustantivo en la forma de vida. Entonces lo que quiero decir es, el discurso de la democratización de la comunicación está muy bien pero si no genera cambios palpables, no gana legitimidad. Legitimidad en el sentido de que le ofrece nuevas herramientas a la sociedad, de lo contrario son políticas construidas con pies de barro y que cualquier otro gobierno las puede cambiar de manera autoritaria como lo hizo Macri.

- Siguiendo con América Latina. Tu hacías referencia cuando comenzamos esta charla al hecho de que los medios siempre han defendido una postura ideológica y el periodismo tiene una esencia política por antonomasia, sin embargo lo que se observa hoy en día es que los medios se volvieron actores políticos ante el fracaso de la representación de los partidos. ¿Esa prensa hegemónica, en tu concepto, esta imbuida por lo que hoy se denomina posverdad?

- Te voy a ser franco, ninguno de los dos conceptos me gusta: ni prensa hegemónica ni posverdad. Tendría mucho cuidado con lo de la prensa hegemónica en este sentido. Es decir, esta prensa nunca apoyó a los gobiernos “progresistas”. El diario El País de Montevideo y los canales uruguayos fueron sistemáticamente opositores del Frente Amplio. El diario Clarin de Buenos Aires hizo campaña en el año 2011 totalmente en contra de Cristina, junto con sus medios de televisión y radio que son los de mayor alta audiencia. O Globo en Brasil estuvo en contra de los últimos dos gobiernos de Dilma Rousseff. Sin embargo estos gobiernos triunfaron electoralmente y triunfaron en algunos casos con amplia popularidad. Lo que quiero señalar es que hay que tener cuidado con el efecto de los medios. Yo no quiero decir que no tengan efecto pero lo que pasa es que a veces tiende a usarse eso como excusa para pensar. Digamos, yo no creo en el receptor neutro y tonto, tampoco considero que la ciudadanía toma decisiones en base a la información que recibe y no siempre esa información es absolutamente plural y diversa, en la mayoría de casos no lo es. Pero creo también que la población se informa de otras cosas muchas más básicas como es el precio de la leche. Es decir, la noción de hegemonía de Antonio Gramsci es una noción de conducción y yo lo que digo es que la prensa no tiene esa capacidad conductiva que se le atribuye tan marcadamente. Si fuera tan hegemónica no habría más nada que hacer porque haríamos lo que dicen los medios y hay muchas pruebas de que en múltiples ocasiones las sociedades han tomado caminos que no son los que proponían los dueños de las empresas de comunicación. No digo que no tengan incidencia. Lo que señalo es que no necesariamente. Si la prensa fuera hegemónica no se puede explicar el 54% de los votos de Cristina Kirchner en el 2011 porque toda la prensa hegemónica estaba en contra de ella.

- Bueno, Juan Domingo Perón lo decía: “Cuando teníamos toda la prensa en contra ganamos las elecciones y cuando la teníamos a favor perdimos”…

- Por eso te digo, lo que me parece es que si bien hay una enorme influencia de los medios, éstos no conducen a la sociedad. Aunque no es mi especialidad, este asunto lo han estudiado mucho en capacidad de instalación de temas, se llama agenda setting, establecer marcos de referencia de lectura, el framing y montón de teorías que explican la enorme capacidad de los medios y su incidencia. Por eso creo que el concepto de prensa hegemónica no contribuye a problematizar el tema. Insisto, los medios tienen una enorme incidencia en la sociedad pero no la conducen. La sociedad ha demostrado niveles de autonomía. Así como efectivamente en términos de comunicación social tiene una enorme capacidad para instalar los temas, yo creo que como ciudadanos, en el sentido más básico de la ciudadanía política, la población también se informa de otras maneras respecto de su situación económica y social comparativa. Tiene memoria de cómo vivió y cómo vive y esa memoria no es un vacío al cual los medios le penetran y la vacían de sentido.

- Hace pocos meses la Unesco publicó un folleto sobre la concentración de los medios en América Latina cuyos autores Gustavo Gómez, Ángel García Castillejo y Toby Mendel van en la dirección de tu libro Los dueños de la palabra que elaboraste con Martin Becerra. La pregunta es: ¿tú crees que la estructura de la propiedad mediática hoy atenta seriamente contra las frágiles democracias de América Latina?

- Sí, yo creo que la concentración nunca es buena. La concentración es un problema por varios motivos. En primer lugar por eso, porque hay condicionamientos a un ejercicio real del pluralismo. En segundo lugar, creo que de esto se habla bastante menos también pero porque afecta la propia capacidad crítica del ejercicio del periodismo. Cuando hay menos grupos comunicacionales en la sociedad, también los propios periodistas se sienten limitados en poder ir de un medio a otro porque finalmente todos son del mismo dueño, entonces pelearse con un grupo mediático hoy en América Latina para un periodista implica pelearse con la mitad de los medios y además, en general, estos grupos tiene prácticas cartelizadas. Entonces si un medio no contrata un periodista tampoco lo contrata el otro, lo cual hace que por una lógica de supervivencia más básica y familiar del ejercicio periodístico la capacidad crítica se haya limitado. Igual creo que dentro del ejercicio periodístico hay espacios de márgenes. Hay periodistas que asumen esto y lo viven sin contradicciones y otros que tratan de ejercitar un periodismo lo más amplio posible aun dentro de las restricciones.

- ¿Y está afectando la frágil democracia de la región?

- Bueno sí, lo que pasa es que creo que la democracia es afectada por muchas cuestiones, no solo por la concentración de la propiedad de los medios, esa es una de ellas.

- Finalmente, ¿cuál crees que es el reto de lo que llaman comunicación alternativa frente a la comunicación preponderante?

- Bueno, son muchos sin duda. Yo creo que el primero es subsistir porque es una cuestión básica, creo que hay gente que lo está haciendo muy bien. Tenemos en Argentina una experiencia interesantísima de un colectivo popular que se llama Barricada TV que ha logrado con mucho esfuerzo desarrollar su trabajo. Y es ahí donde vienen las aplicaciones virtuosas de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, porque quien le da la licencia a Barricada TV es el macrismo, es casi una paradoja, ¿pero por qué?, porque no tenía la posibilidad de no hacerlo. No lo podía no hacer. Ahora por qué no tuvimos 500 Barricadas TV si había un gobierno progresista y hubo que esperar a que la licencia se la diera finalmente el macrismo no porque quisiera, no es porque el macrismo quiera alentar ese tipo de comunicación. Este tipo de proyectos demuestra que se puede generar sustentabilidad. Es un caso casi único, un canal de televisión digital abierta sostenido con un colectivo popular. Segundo, hay que pensar en las audiencias. ¿Qué es una audiencia de televisión hoy? ¿Le vamos a seguir hablando a la audiencia como a la televisión de las décadas del 60 o del 70? O vamos a hablar sobre un modelo donde la gente mira más Youtube que televisión. Cuando digo la gente claramente me refiero a los jóvenes, no a la gente de 50 o 60 años que somos analógicos para ver televisión todavía. Mis alumnos, por ejemplo, no se sientan a ver televisión. Entonces, está excelente que existan estos medios pero yo creo que justamente también ahí hay otra de las virtudes de Barricada TV en el sentido de fragmentar la programación: hacerla parte on line y parte en abierto. Por eso digo que el desafío principal hoy para los sectores comunitarios primero es ser sostenibles, generar un modelo económico que les permita la continuidad en el tiempo, eliminar las experiencias fragmentarias. Creo que hay elementos para eso hoy en el mundo de internet por la baja de costos para poder hacerlo. Y la otra cuestión es cómo me relaciono con las audiencias. Quien no piense en las audiencias del siglo XXI va a ser un canal para gente grande y ello no es sostenible en el tiempo. De nada sirve tener las infraestructuras, tener la capacidad comunicativa, si no se tiene la capacidad de dialogo. Por eso es que hay que repensar toda la comunicación.

Bogotá, agosto de 2017.
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