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Actualizada: 18/12/2019


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RSI Martianos: acciones, proyecciones y reflexiones (IV)
Por Orestes Martí.


Doctor en Ciencias Históricas, Profesor Titular y ensayista Eduardo Torres Cuevas.

Torres Cueva: Tengo el sueño y la esperanza de que dentro de muy poco tendremos en Cuba un pensamiento nuevo, fuerte y crítico
Por: Astrid Barnet


— Antiguamente, se presentaba a las religiones de origen africano como manifestaciones de barbarie, que conducían al delito. Se incluían también en esto manifestaciones de la música y de la danza (rumba, guaguancó…). ¿Cree usted que este criterio persiste aún en nuestro país?

“Un problema que tenemos los cubanos es la tendencia a lo absoluto, a descalificar lo que no está en mi visión o en mi línea de intereses. Lo cierto es que en Cuba, lo más generalizado, es que el “creyente religioso” no excluye sino que incluye en su cosmovisión todo tipo de creencias. Lo normal, hace cincuenta años, en casi todos los pueblos y ciudades cubanos, era la presencia del cura del pueblo, o del pueblo vecino, del masón, de los espiritistas –muy abundantes hace cincuenta años, y ahora algo escasos y no siempre confiables — , de alguna que otra denominación protestante –no muy generalizadas por tener un cierto sello norteamericano, sobre todo en sus himnos y juegos dominicales, hoy, como una de las expresiones de los sentimientos religiosos cubanos — y las sincretizadas religiones de origen africano. Era un verdadero entramado, con numerosos vasos comunicantes, de creencias entre las cuales, tu armabas la tuya. Lo que cada cual le atribuye a lo que cree, no siempre es resultado de un conocimiento; muchas veces lo es más de la imaginación y el deseo de que sea así. Así que no importaba lo que se dice en tribunas y púlpitos, porque la práctica religiosa no es un problema intelectual es la interioridad autoconstruida de mi universo trascendente; se trata de las garantías para esta y la otra vida. Por ello, la religiosidad del cubano es tan rica y compleja, porque escapa a los esquemas reductores de las estructuras formales de una iglesia o de una secta. ¿Sabes?, he pensado que son pocos los universos religiosos tan libres y democráticos como el nuestro. En este proceso, pudo ser condenado o estigmatizado, en una época u otra, por una razón o por la contraria, tal o mas cual creencia religiosa, pero lo que ocurre es que solo se retrae, para, en condiciones propicias, volver a ser reconocible en el vitral religioso cubano. En la doctrina cristiana, se les llamó a las creencias de origen africano, bárbaras, pertenecientes a una etapa inferior del desarrollo humano. Fíjate que ello juega con el racismo al unir razas inferiores con barbarie y con creencias precristianas y politeístas.

“En lo referente a la música, ocurre otro tanto. La presencia de conceptos y actitudes excluyentes y que, a veces, se atribuyen la expresión exclusiva de lo cubano. Por ejemplo y, en lo que respecta a la música cubana, en especial la del género lírico y a la cancionística, a autores como Ernesto Lecuona costó trabajo escucharlo durante un buen tiempo en nuestros medios de difusión. Piezas creadas por él como La Comparsa y Siboney son símbolos extraordinarios, acabados y exquisitos, representativos de nuestra Cultura, de su amplitud y larga evolución. Igualmente, ocurrió con José White — extraordinario músico negro cubano que vivió y murió en Francia — , que compuso otro símbolo dentro de nuestra música, La bella cubana, con una imbricación increíble en géneros como la contradanza y la habanera. Otro ausente — ausencia que no justifica las críticas a determinados criterios que el pudo expresar — lo es Eduardo Sánchez de Fuentes. Su habanera Tú, o su Mírame así o Corazón, constituyen tres expresiones universales de la cultura cubana. Nada justifica su ausencia. Igual ocurre con otros autores de esta Isla como Manuel Saumell Robredo, Amadeo Roldán, Ignacio Cervantes… ¿Dónde están? ¿Enclaustrados para el disfrute de un escaso y selecto grupo de oyentes? ¿Dónde los puedo escuchar? En los años cincuenta existía un programa de televisión, El Álbum Phillips, que divulgó y popularizó este tipo de música. Después del triunfo de la Revolución Esther Borja continuó, durante décadas, esa amorosa labor. El programa se llamó, desde entonces, Álbum de Cuba. Ello para decirte que, en mi opinión de oyente, la música cubana, en cualquiera de sus expresiones, contiene todos los colores, signos y notas, inscritos en nuestro pentagrama social.

“Tengo la impresión de que los jóvenes cubanos de hoy apenas si tienen noción de la impresionante herencia que les pertenece. Cuando pienso en la década de los cincuenta del siglo pasado, tengo la impresión de que fue la verdadera década maravillosa o fabulosa de la música cubana. Pero ella es apenas conocida. Cómo hablar de nuestro universo musical solo haciendo referencia a cuatro o cinco personalidades que se repiten hasta el cansancio; o restringiendo el conocimiento de ciertas figuras o acontecimientos musicales a la celebración de centenarios y cincuentenarios que solo tienen la validez de un día de recordación como se hace con lo muerto. Es un modo de ratificar su defunción. Un simple recuerdo. La radio, la televisión, el teatro, el mundo sonoro, lo vuelve a colocar en el olvido. Hemos creado una cultura de fechas y homenajes pero eso es una falsa cultura. La verdadera cultura es la que nos acompaña día a día; la que hace sonar una melodía en el interior de nuestras mentes porque la tenemos incorporada. No solo están ausentes muchos de los que se fueron, o de los que hicieron su carrera fuera de Cuba desde antes de la Revolución. Incluso, están ausentes muchos de los que se quedaron, con el mérito de hacerlo a pesar de lo bien cotizado que estaban en ese momento, y perdiendo el mercado internacional. Solo algunos nombres: Barbarito Diez (la voz del danzón, y cuya interpretación de “La mora” marcaba la herética Noche Buena cubana), la Orquesta Aragón (dueña absoluta de la preferencia bailable cubana), Ramón Veloz (la voz más popular de la música campesina), El Jilguero de Cienfuegos, Esther Borja (la interprete cuidadosa de la cancionística cubana), Rosita Fornés (la vedette por excelencia), el Conjunto Casino (que, con sus cantantes no fue segundo de nadie), y tantos otros, a quienes pido disculpas por no incluirlos es esta referencia.

No es hacerle el homenaje de un día, es llevarlos a nuestra vida cotidiana. Del mundo bailable cubano ¿Qué nos queda? Quiénes son los que recuerdan la música de las orquestas Sensación, Melodías del 40, Sublime, Neno González o la Riverside, Hermanos Castro, Ernesto Duarte, Bebo Valdés, Pérez Prado, Chico O”Farrill o de compositores como René Touzet, Juan Bruno Tarraza, José Antonio Méndez, Cesar Portillo de la Luz, Frank Domínguez, Osvaldo Farrés (autor de Quizás, quizás, el número musical cubano más interpretado en el mundo); o las voces de los que se fueron como Rolando la Serie, Olga Guillot, Blanca Rosa Gil, Orlando Vallejo, Orlando Contreras, Panchito Riset, Vicentico Valdés, ídolos de los escuchadores de boleros, sobre todo en las vitrolas de esquinas y bares y en las noches de los barrios menos lujosos de La Habana. Y, lo interesante, es que respondían a gustos musicales diferentes. Solo he mencionado aquellos que me han venido a la mente en esta entrevista, faltan muchos. Pero lo importante es que, sin sumergirnos en esa riqueza musical, es imposible reconocer nuestro pasado; resistente a todo cambio superficial o por decreto, pero irremisiblemente perdido si no llegara a estar en la memoria de las jóvenes generaciones. Y es un mito racista excluir a los negros de cualquiera de las expresiones musicales cubanas o restringirlos a determinados géneros.

“La compositora Martha Valdés se definió, en una oportunidad, como alguien que formaba parte de la clase de los oyentes. No soy musicólogo pero sí pertenezco a esa clase de los oyentes y bailadores para quien creo que se hace la música. Mi buena memoria me permite recordar que hubo una época en que solo en la Ciudad de La Habana había más de 20 emisoras de radio; en ciudades como Cienfuegos, más de cuatro. La música estaba en todas partes, llegaba al hogar desde la vitrola de la esquina, desde el radio del cuarto o desde el televisor de la sala. Como siempre hemos sido dadivosos la hemos puesto lo suficientemente alto como para que la disfruten nuestros vecinos. Emisoras como CMBF permitieron escuchar a Tchaikovsky, Beethoven o Mozart. Pero a la vez la música popular ocupaba los espacios de emisoras, algunas como Radio Musical, Radio Nacional, Radio García Serra, Radio Mambí, Radio Suaritos, para no mencionar intencionalmente las más famosas. El público era el que imponía la música que se tocaba a través de sus peticiones. Usted podía oír lo mismo un guaguancó, que un paso doble español, que una ranchera mexicana o un tango argentino. Existían emisoras especializadas en música norteamericana pero, lo más generalizado, era que en todas las emisoras podías escuchar lo mejor, o por lo menos, lo que estaba de moda por allá, por el norte. Sin embargo, fueron los grandes ritmos cubanos los que ocuparon la mayoría de los espacios. El mambo, cha cha cha se impusieron en todo el mundo, este ultimo, justo cuando surgía con fuerza el Rock and Roll. Se entabló un diálogo musical, lleno de influencias mutuas, de nuevas formas de orquestación y de interpretación. La Aragón puso de moda un cha, cha, cha, En la Capital, donde se decía que “en el interior o en la capital, me divierto más con el cha, cha, cha”. Por eso considero que no tiene sentido imponer ningún criterio excluyente. Boleros de letras muy diversas en su calidad, rumbas, congas, todo formaba parte de un universo que determinaba no solo el ritmo de la vida cubana sino hasta una cierta filosofía popular de la vida. Piezas como el Negrito del Batey, Espíritu burlón, Negro de sociedad, El Brujo de Guanabacoa,Tiembla tierra, para solo mencionar algunas, reflejan el sentido crítico de la vida musical cubana.

“Hay momentos en la vida en los que necesitas escuchar un tipo de música porque mantiene el espíritu tranquilo, y existen otros en los que deseas que vibre todo tu cuerpo. En mi caso, confieso que siempre he sido bailador — aunque ya no lo hago como antes — , pero sigo bailando y he bailado todos los ritmos cubanos. Recuerdo que me pasaba la vida cazando a la orquesta Aragón (comenta que posee 480 piezas de dicha orquesta) para bailar con ella. Casi todas las emisoras de radio tenían programas de media hora, e incluso, de una hora, con esa orquesta. Mi esposa es fanática al dúo Buena Fe, y adquiere, aún antes de que se lance oficialmente, cuanto disco nuevo crean. Por la calidad de su letra, su mensaje, su interpretación, su valor, su ritmo, forman ya parte de la riqueza creativa de nuestro tiempo y, diría sin temor a equivocarme, de todos lo tiempos, porque son la genuina expresión de su época. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre White, Lecuona, Lay, Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Tarraza, Touzet, Silvio, Pablo, Juan Formel, Adalberto Álvarez, José Luis Cortés y Buena Fé, o las interpretaciones tan extraordinarias de la Camerata Romeu, Ars Longa, del Ballet de Litz Alfonso o las voces de Elena, Moraima y Omara? Para mí no existen, a la hora de hablar de lo que ha hecho grande a nuestro pueblo, diferencias en sus expresiones musicales, solo en los gustos personales.

“Francamente, me considero kantiano –seguidor de Kant — en cuanto a estética, o sea, el gusto se crea, no nace determinado; el gusto se amplía si se cultiva, o se reduce, si se le abandona. Lo que sí da pena es que existan personas con gustos reducidos, o que nazcan y mueran sin disfrutar de los acontecimientos extraordinarios que hacen sublime parte de nuestra existencia, que permitan tensar todas las capacidades humanas de sentir, imaginar y soñar.

“Me gustaría decirte que la década de los sesenta, también fue extraordinaria. Estuvo marcada por una amplia inquietud por transformar toda la calidad de la vida y del arte motivada por el proyecto revolucionario. Fue la época mayor del filling, la de Cesar Portillo, Frank Domínguez, José Antonio Méndez, la de Freddy, Moraima, Elena, Omara y Gina León. La época de los grandes cuartetos como los Modernistas, los Bucaneros, los Meme y los Zafiro; pero fue, sobre todo, donde surgió lo más auténtico de la nueva expresión musical generada por la Revolución, la Nueva Trova con sus letras críticas, poéticas y comprometidas con el amor y el hombre. Los nombres de Silvio, Pablo, Noel Nicola, Lázaro García, Leo Brouwer, llenan esta época extraordinaria donde pensar y cantar se hicieron poesía. Oda a mi generación o Debo partirme en dos de Silvio definen la actitud de una generación. El título de una canción de Cesar Portillo de la Luz: “Canto luego existo”. Siento que en el mundo artístico cubano actual existe un renacer de muchas cosas; pero ello se verá en poco tiempo. Existe una generación muy buena, de extraordinaria calidad humana y artística, que respira en un mundo que invita a pensar y a sentir, a recrear la realidad. En suma, donde haya arte, cultura, inteligencia, sensibilidad, gusto…siempre habrá un pedacito de Cuba que hay que salvar y proteger; y Cuba es multicolor”

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Miembro de la Coordinadora Internacional TESORO y de la Federación Internacional de Comunicadores Populares (FICP)

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