La Página de Orestes 


Artículos y escritos

Dialogando. Orestes Martí y Luís Sexto
Cuba: Balance y retos
Las Palmas de Gran Canaria

WEBS
José Martí
Información y Comunicación

Orestes Martí: En varios diálogos con amigos y conocidos cubanos -periodistas, intelectuales, historiadores- durante el presente año 2007 he intentado hacer una aproximación al tema del proceso de cambios que vive el país y he tratado de llevar a los miles de suscriptores del Boletín Internacional de Información Referativa y Factográfica y a los lectores de otros medios -Canarias Insurgente, Progreso Semanal/Weekly, entre otros muchos- el abanico de opiniones y visiones de todos ellos sobre tan importantes y decisivos acontecimientos.

 He recogido diversos criterios y opiniones en tales "diálogos" -Félix Sautié (Cinco preguntas sobre el debate en Cuba en torno al Socialismo del Siglo XXI. Entrevista al intelectual cubano Félix Sautié I; Cinco preguntas sobre el debate en Cuba en torno al Socialismo del Siglo XXI. Entrevista al intelectual cubano Félix Sautié II y Dialogando. Orestes Martí y Félix Sautié); Pedro Campos (Dialogando Orestes Martí y Pedro Campos); Soledad Cruz (Cuba: perfeccionamiento del Socialismo)- que me hacen suponer de que el proceso se mantiene en ejecución, aunque poco o casi nada trasciende a través de la prensa nacional cubana.

Como quiera que Cuba mantiene su presencia en la actualidad internacional y cada día -lejos de lo que desean sus enemigos y pronosticaban los "cubanólogos"- su protagonismo parece incrementarse en la región latinoamericana (véase si no la recientemente concluida "Cumbre de Petrocaribe" sobre la que informamos ampliamente en los boletines 704 y 705) y su peso político en la arena internacional -lo cuál por otra parte hace que continuamente nuestros usuarios y lectores nos interroguen sobre los posibles escenarios futuros en la mayor de las Antillas-, he creído conveniente preguntar al amigo Luís Sexto Sánchez1, quién es para mí uno de los periodistas que abordan la situación interna del país tanto con brillantez y objetividad como con espíritu crítico, dos preguntas concretas:

1. ¿Qué evaluación haces de la sociedad cubana al concluir el presente año 2007?
2. ¿Cuáles consideras son los "retos" fundamentales a los que tendrá que hacer frente Cuba en el próximo 2008?

Luis Sexto: Cualquier juicio sobre Cuba presenta numerosas dificultades relacionadas con la propia complejidad de la situación y, sobre todo, con lo que se ve y lo que no se puede ver. Como país asediado cierta información se convierte en secreto estatal, en asunto estratégico. Digamos que no siempre resulta así, pero existe como un reflejo condicionado que lastra la búsqueda de información suficiente para delinear una imagen aproximada a la verdad. Es decir, si juzgamos a Cuba por lo que vemos y padecemos, la evaluación resulta pesimista, casi catastrófica. Por lo que no vemos o solo podemos intuir por ciertas señales, puede creerse que hay un átomo de esperanza en que no solo el país resistirá, sino avanzará. Porque, me parece, que ya no basta con la resistencia. La resistencia a secas ha exigido un precio muy alto. El deterioro del patrimonio nacional ha dañado mucho la obra revolucionaria. Por ejemplo, la Revolución construyó el 60 por ciento de las carreteras y en estos momentos están, como promedio, en muy mal estado: hay que reconstruirlas. Y así podríamos pasar revista a cada aspecto y hallaríamos una carga tal de depreciación que, aunque uno no quiera, tiende a deprimirse.

Pero lo material no es causa sino consecuencia de un orden ya inefectivo, de una disfuncionalidad que ya parece ser incapaz de trascender la presente situación. Son necesarios los cambios. Desde el 26 de julio de 2007, Raúl Castro, al frente interinamente de la nación, anunció la necesidad de hacer modificaciones estructurales que permitan el movimiento de la economía. Los debates populares en torno a ese discurso programático, aunque apenas asomaron la punta, parecen haber coincidido mayoritariamente en que, en efecto, hacen falta modificaciones que tiendan a liberar las fuerzas productivas para que la resistencia ante la voracidad de los Estados Unidos pueda verdaderamente prometer frutos de victoria. Hoy por hoy, resistir en medio de privaciones, de aplazamientos, de reducciones de la obra justiciera de la Revolución, podrá resultar muy heroico, muy digno, muy meritorio, pero ¿adónde nos llevaría? Honradamente, pienso que el bloqueo norteamericano se derrota, sobre todo, desde dentro, logrando estimular las fuerzas morales y materiales de nuestra sociedad para la superación de los males que la limitan.

Aunque no soy sociólogo, puedo distinguir que la sociedad cubana está al borde de la anomia, esa enfermedad que se desata cuando las aspiraciones de las personas entran en conflicto con los pocos medios que la sociedad les ofrece para su cristalización. Y la indisciplina laboral y social, la pérdida de valores, cierto crecimiento de la violencia, el descreimiento, el poco apego al trabajo, los desafíos cotidianos a la legalidad son expresiones de esa enfermedad. Los expertos dicen: cuando eso ocurre los síntomas piden dos cosas: o control, exigencia; o cambios. A mí me parece que piden cambios, porque el control está demostrando ser inefectividad. Sin embargo, los cambios fundamentales no aparecen. En estos días el periódico Juventud Rebelde ha publicado algunas reportajes encuestas sobre la agricultura2. Los campos permanecen, en más de la mitad de su extensión, en la ociosidad. Faltan brazos, recursos y todo lo demás que es una racional política agraria. Los especialistas están de acuerdo en la urgencia de redistribuir la tierra, de potenciar en estas circunstancias el trabajo individual o familiar, porque depende menos de la tecnología y de los recursos. Pero la burocracia del ministerio de la Agricultura responde con evasivas: Lo estamos estudiando, hay que tener mucha cautela, y así otras técnicas dilatorias. Lo importante no lo abordan: que el país necesita alimentos y sustituir con producciones nacionales artículos que hay que adquirir a altos precios en el exterior.

Debajo de esa actitud aparentemente preocupada, opera la resistencia burocrática a perder parte de su capacidad decisoria en la agricultura. El control rígido suele ser en Cuba lo más natural en un proceso productivo que, por sus excesivas limitaciones burocráticas, se convierte en antinatural. Y de ahí su inefectividad. Incluso, estoy convencido que cualquier cosa que cambie en Cuba dentro del espíritu de la Revolución tendrá que empezar por el campo. Si la tierra fue bandera primordial en la conquista del poder revolucionario, si también antes de 1959 la tierra permanecía ociosa en poder de latifundistas que usaban solo una porción, ahora para que la Revolución sobreviva se necesita que la tierra reciba una rectificación que la haga capaz de atraer a los productores que la abandonaron por falta de estímulos y a los que quieren incorporarse. Si la tierra permanece como patrimonio nacional, en manos del estado, no creo que se corra ningún riesgo de volver al capitalismo –como creen algunos- si se redistribuye con el fin de hacerla producir. El capitalismo nunca ha repartido tierras. La revolución sí. Incluso, los más productivos hoy son aquellos campesinos que la Revolución convirtió en propietarios de la tierra que trabajaban bajo formas capitalistas o feudales.

En fin, no veo la situación cubana desde las estadísticas, sino desde el pulso cotidiano del sentir popular. Es cierto que la pobreza en Cuba no se parece a la de algún país subdesarrollado de América Latina. La nuestra se beneficia con las conquistas sociales de la Revolución. Pero no basta: hay que comer, vestir, calzar, fomentar familia en casa segura y confortable; hace falta que el salario alcance y estimule a trabajar, y que el trabajador no sea un asalariado “poscapitalista” en una sociedad que se proclama socialista. Necesitamos que sea genuino dueño del trabajo y de los medios de trabajo. Nada de eso se conseguirá solo con exhortaciones a ahorrar y a mantener la ética. Creerlo equivaldría a desconocer el marxismo que decimos profesar y se convertiría en una solución errónea a problemas muy concretos. O cuando más una técnica de dilación para esperar un golpe de suerte que no llegará.

Ahora bien, los cambios necesitan consenso dentro del gobierno, el Partido y el pueblo. El pueblo los reclama. El Partido Comunista necesita encabezarlos. Por tanto ineludiblemente un congreso es el ámbito apropiado para decidirlos. Pero del sexto congreso, que debía celebrarse hace cinco años, aún no aparece en la agenda pública del Partido. ¿Y qué significa? Más inquietud para los que esperan y carecen.

2. Muchos de esos desafíos están presentes en mi repuesta precedente. Voy a responder con el mismo texto que publiqué en Juventud Rebelde el pasado 14 de diciembre en mi sección Coloquiando. Escribí a alguien que me preguntaba qué cambiar en Cuba:

¿Me pregunta usted qué cambiar? Cambiar el enfoque burocrático, rígido, autoritario de la política y la economía. Desterrar la visión autocomplaciente; adecuar los deseos a las realidades; convencernos de que detenerse, es decir, dejarlo todo como está por temor a perderlo todo, es un modo de empezar a perderlo… todo. Oh, la vida da cada lecciones. Y están ahí: cercanas en la historia; culpable de ceguera es quien no las quiera ver…

Me pregunta usted qué cambiar. ¿Y por qué me lo pregunta? ¿Acaso no vemos la urgencia de que el trabajo readquiera entre nosotros el valor de estimular a todos y no a un grupo de trabajadores de vanguardia? ¿Acaso no necesitamos que la crítica sustituya un tanto los aplausos, esto es, aplaudir lo que lo merece y enjuiciar democráticamente lo que nos perjudica? ¿Acaso no hemos de hallar la organización económica que impida que nuestros campos se escondan tras las yerbas malas y que unos pocos hombres desde las oficinas digan a los muchos del surco qué hacer y cómo hacer? ¿No nos parece que las estructuras de “ordeno y mando” ya demostraron su incapacidad para dirigir a las personas en la política y la economía, y para convertirlas realmente en dueñas de la propiedad social?
 
Hemos de cambiar, en fin, cuanto haga vulnerable la independencia del país y limite la justicia y la libertad conquistadas por la Revolución. No es poco. Y yo no soy original al decirlo. Como tampoco lo soy al repetir que todavía algunos piensan que todo está bien, que nada tiene que moverse, porque si se mueve se quiebra su comodidad de actuar y decidir sin rendir cuentas… No es poco lo que hay que cambiar. Son los fermentos que el socialismo fracasado en la Unión Soviética y Europa del este nos ha dejado y todavía pugna por predominar.

1 Remedios, Villaclara. (1945). Se inició en el periodismo en 1972. Licenciado de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de la Habana. Fue jefe de las páginas ideológica y cultural en el diario Trabajadores. Jefe de redacción cultural y editor de turno en la agencia Prensa Latina. Trabajó en la Revista Bohemia, donde mantuvo una columna de opinión durante muchos años. Colabora en la radio nacional en programas de debates y opinión. Profesor en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de la Habana. Ha dado cobertura a importantes acontecimientos en el exterior. Actualmente escribe en el Periódico Juventud Rebelde y sus trabajos también pueden ser leídos en su Blog. Autor de varios libros de poemas, crónicas, narrativa y técnicas del periodismo.

2 El periodista se refiere seguramente a medulares artículos aparecidos en el diario Juventud Rebelde "Viaje al centro de la tierra (I): Agricultura cubana: Devolver el aliento a la producción agropecuaria" y Viaje al centro de la tierra (II) Agricultura cubana: desenredar los nudos que la atan de las periodistas Marianela Martín González y Dora Pérez Sáez